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martes, mayo 02, 2006

El Archiduque de los Ingenios


Con esa denominación fue denominado en cierta ocasión Francisco Ibáñez Talavera, el autor de historieta más prolífico y exitoso de nuestro país. Nadie perderá de vista, ante tal apodo, la comparación que se establece con el que fue denominado en sus días “Fénix de los Ingenios”, el dramaturgo de los siglos XVI y XVII Félix Lope de Vega Carpio. No por casualidad debió establecerse esta comparación, pues las analogías entre el “Fénix” y nuestro querido historietista no son pocas.

En primer lugar, ambos concibieron su labor artística como un mero trabajo, como una forma de ganarse la vida. En el caso de Lope, su disoluta existencia tenía que ser costeada de alguna forma, y escribir comedias fue la que mejor forma de asegurarse los garbanzos. Por su concepción pragmática y realista del propio arte, podemos establecer conexiones entre los autores. Ambos, Lope e Ibáñez gozaron de un éxito de público sin precedentes, lo cual nunca fue perdonado por los “preceptistas”, por utilizar un término del Siglo de Oro. Los intelectuales, siempre en la obligación moral de despreciar todo lo popular, pasaron en su momento una mirada desdeñosa y resentida por las producciones de ambos autores.

La actitud del Fénix y el Archiduque también es coincidente en este sentido, mostrando su absoluta despreocupación ante el severo juicio de sus condenadores. De hecho, Lope en su Arte Nuevo de hacer comedias en este tiempo intenta justificar su método de trabajo, no sin burlarse elegantemente de los académicos y academicistas. Evidentemente, los críticos no se basaban en la mera antipatía que se le tiene al que triunfa. A Lope se le han llegado a atribuir más de cuatro mil comedias, una cantidad realmente desmesurada, sin otro parangón en las artes españolas que, quizás, la obra de Ibáñez.

Efectivamente, para mantener tan alta producción, aunque fuera por motivos meramente económicos, es inevitable caer en el mecanicismo, en lo automático. Basta con revisar la obra de Ibáñez (sobre todo a partir de 1985) para no ver en ella sino una serie de “gags” de éxito probado que se cortan y pegan con desigual fortuna, dando aparente forma de novedad a viejas fórmulas. En la introducción del álbum El ordenador…¡Qué horror! Ibáñez hace un amago de confesión de su método de trabajo, buscando en archivos informáticos viejos gags. Lope, por su parte, desvela en su Arte Nuevo una serie de fórmulas mecánicas para que una comedia funcione, o dicho en sus propias palabras, para que sea escrita “en horas veinticuatro”. Precisamente por este afán de producción masiva, encontramos altibajos imperdonables en carreras marcadas por obras tan dignas como Peribáñez (también es casualidad, oigan) y el comendador de Ocaña y Chapeau el Esmirriau, por ejemplo.

También en la búsqueda de “inspiraciones” encontramos analogías en la trayectoria de ambos autores. Si Ibáñez se inspiraba directamente en sus antecesores de la Escuela Bruguera, Lope lo hacía en Juan de la Cueva, los Argensola, etc. Si el dibujante catalán tiraba de Franquin cuando le hacía falta, Lope fusilaba las obras del italiano Bandello, como ocurre en El mayordomo de la duquesa de Amalfi, entre otras muchas. A tanto llega la producción lopesca en número, que Charles Aubrun postuló en 1981 la posibilidad de que muchas de las obras del Fénix fueran “obras de taller”, es decir, creadas por un grupo de discípulos a partir de un ligero argumento sugerido por el maestro, calcando fórmulas ya empleadas por él. ¿Les suena esto a los seguidores de Ibáñez? “Es de Lope”, se decía en la época como garantía de éxito de público ante tantas y tantas obras anónimas que circulaban por la triste España del XVII.
Carencias al margen, es innegable que estos autores, o mejor dicho, lo mejor de la producción de estos autores creó escuela. Así, como ocurrió con los discípulos del Fénix (Calderón es el mejor ejemplo), también muchos de los seguidores de Ibáñez, tras haberse iniciado en su referente inmediato, dotaron a sus obras de una mayor profundidad y de una estructura más cuidada. Aunque los discípulos percibieron la carencia de sus modelos, no dejaron de reconocer (salvo los desmemoriados, que tanto se parecen a los ingratos) que tras su estela dieron sus primeros plumazos artísticos.

Sin embargo, el mayor punto de unión entre los dos artistas es su comunicación con el público, llegando a ser verdaderos fenómenos de masas en su tiempo. Si a Ibáñez se le achaca el papel de “dibujante showman” por sus ocasionales apariciones en los medios, también el éxito de Lope fue considerado en su momento como un fenómeno en parte extraliterario, pues sus hazañas amorosas eran tan conocidas por el pueblo como las de los personajes que pueblan hoy los “programas del corazón”.

Por otra parte, recordaremos que tanto el Fénix como el Archiduque querían ante todo contentar a su público, proporcionarle diversión, evasión, y ganar dinero con ello, sin más lecturas. Por esto, a pesar del grito puesto en el cielo por los académicos, Lope se saltaba las tres unidades aristotélicas del mismo modo que Ibáñez descuidaba el preciosismo estético, si con ello conseguían una carcajada más franca y contundente de su público: destinatario último y único de su obra. Aunque ambos demostraron en determinados momentos de su carrera tener capacidad para hacer más de lo que llegaron a hacer, prefirieron estandarizarse con lo seguro que probar nuevas fórmulas, algo artísticamente censurable pero que proporcionó infinita diversión a sus respectivos seguidores, a muchos de los cuales no les importaba dejarse “hablar en necio” ocasionalmente con tal de pasarlo bien.

Terminaremos con las analogías recordando que si Lope fue “el poeta del pueblo”, Ibáñez ha sido “el dibujante del pueblo”, aquél que ha llegado a más sitios, el más leído, el más conocido. Probablemente ni uno ni otro sean el mejor en su especie (o a lo mejor sí, que la Historia y el Arte son inestables y tornadizos en sus caprichos), pero la función comunicativa que se le presupone a toda obra artística, así como la impronta dejada en la cultura popular por ambos resultan innegables. Puede que al leer este artículo un intelectual se escandalizase ante la constante equiparación entre Lope de Vega y Francisco Ibáñez, pero eso es algo que no me preocupa…

A veces, a uno también le apetece sentarse frente a los señores de la Academia de Madrid y defender, con lopesca socarronería, el Arte Nuevo de hacer reír.

15 Comments:

Blogger Fercho said...

Una última cosa en la que creo que coinciden es en esa sombra que se cierne sobre en forma de los autores llamados "negros". Creo que en el caso de Lope, como en el de otros autores teatrales (incluso Shakespeare) siempre se ha comentado que "robaban" obras de otros autores menores. En el caso de Ibáñez, aparte de inspiraciones franquinianas, el caso es distinto, puesto que hay autores menos conocidos que por circunstancias han dibujado a Mortadelo y Filemón.

Lo dejo antes de que me líe más.

11:37 a. m.  
Blogger Los Burgomaestres said...

Acertado post, amigo Chespiro; pero donde esté Calderón...

;-)

1:05 p. m.  
Blogger Los Burgomaestres said...

Bueno, ahora en serio, el pique sería más bien Cervantes-Lope, y así fue, que el último le negó al primero unos versos de presentación para su Quijote, y encima le llamó necio. Aquello sí que eran piques... E insistimos, un post muy atinado.

1:07 p. m.  
Anonymous Migsoto said...

felicidades amigo chespiro, un post excelente.

4:22 p. m.  
Blogger LuisBond said...

Oak, deberia leer algo de Lope de Vega para poder opinar coherentemente =(

11:52 p. m.  
Blogger choko said...

Tremendo post, amigo Chespiro!
Le asciendo ahora mismo a brigadier de los ingenios por su afanosa tarea de comparación entre dos grandes tan separados aparentemente

12:08 a. m.  
Blogger Chespiro said...

Bueno, ascendido a brigadier por Choko, les agradezco a todos sus visitas.
Señores Burgomaestres, y yo que imaginaba que eran ustedes calderonianos, jejeje.
Aunque sea paradójico, veo más a Lope como análogo de Ibáñez (otro sacrilegio) que de Cervantes.
En realidad, el pique entre el Manco de Lepanto y el Fénix de los Ingenios era tanto personal como literario, como sabrán.
Cervantes escribía un teatro apegado a las reglas que no tuvo repercusión popular, por lo que le dolía especialmente la popularidad del Fénix, que no se explicaba bien.
Como poetas, Lope comentó que había muchos en la corte, pero que el peor de todos era Cervantes. El padre de Sancho Panza reconoció que el cielo no le otorgó "esa gracia".
Como novelista...bueno, qué les voy a contar.
Respecto a los supuestos negros lopescos e ibañezcos, hay más paralelismos de los que parece, Fercho. Respecto a los negros "consentidos" de Ibáñez, véase el libro de Migsoto, en el apartado de los años 1987-1990.
En el caso de Lope, al menos, no hay nada demostrado, porque sus editores y "colaboradores" hace siglos que representan en otros corrales.
Y al amigo Luisbond, para empezar con Lope, una vez que supere el respeto por los clásicos, "Fuenteovejuna"es muy recomendable.
Ah, y "Safari Callejero"... Perdonen, me he liado.

3:28 p. m.  
Blogger choko said...

Chespiro, he leido en el periódico que tanto Quino, como Uderzo, como Ibañez aspiran al premio principe de Asturias del 2006...
En cuanto lo he leido he pensado en tí, así que me he dicho voy a comentarselo...
¿No serás tú un miembro del jurado?
(je,je)
Un abrazo!

9:56 a. m.  
Anonymous Kaximpo said...

Me ha encantado el artículo (lo de "post" no me gusta mucho), incluído lo de "hablar en necio". :D

Casualmente estaba releyendo el 25 Aniversario en el que Mortadelo acerca de Ibáñez comenta Mucho "príncipe de los ingenios" pero... (no es lo mismo que Fénix o Archiduque pero ahí queda...)

Un saludo.

11:47 a. m.  
Blogger Chespiro said...

Bienvenido, Kaximpo. Un placer verte por aquí.
No tenía en mente ese comentario de Mortadelo en esa historieta. De hecho, saqué la expresión de algún texto (artículo,prólogo...) pero no recuerdo de cuál.
Y no, Choko, no soy miembro del jurado, pero de serlo, se lo daría a los tres. Y si tuviera que elegir a uno... Bueno, después del sacrilegio de comparar a Ibáñez con Lope, no hace falta que conteste.

4:59 p. m.  
Blogger maginelmago said...

¿Quién dice "dibujante showman" si apenas aparece 3 veces al año para promocionar sus tebeos y los salones del cómic en general?

Creo que Ibáñez se comparó él mismo con Quevedo. "Si Quevedo siguiera escribiendo se parecería a mí"

4:58 a. m.  
Blogger Chespiro said...

Bueno, ejem...este domingo salió en otro programa de tv. Aunque yo me lo perdí, como es costumbre en mí.
Y sí, uno cuando relee a los clásicos ve en ellos mucho de Ibañezco.
Quevedo,concretamente, hubiera hecho unos cómics bastante parecidos. De hecho, Ibáñez sigue la línea de esperpentización despiadada (sin ningún tipo de ternura hacia sus personajes),que utilizó el escritor de las antiparras y,siglos después, Valle-Inclán.

1:45 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

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3:50 p. m.  

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